Leo el 18 de Agosto en el diario El Pais.
"Once monjas de clausura resultaron intoxicadas en un convento de Palma de Mallorca tras consumir pollo asado de la marca Sada el pasado día 5, una semana después de que se declarara el brote de salmonelosis y el producto fuera retirado del mercado. El régimen conventual no les permitió enterarse de la alerta".
Resulta que como las pobres viven en un convento de clausura en Palma de Mallorca, no se enteraron del tremendo brote de salmonelosis hasta que se lo dijo el médico de urgencias que fué a atenderlas.
Que paradoja, en pleno siglo XXI, y mientras algunos no podemos vivir sin nuestros medios de comunicación, internet por cable, televisión digital + pay per view, reproductores MP3 y demás, otros voluntariamente se aislan de lo que sucede a su alrededor y viven intramuros como si estuvieran en el siglo XVI.
¿Y porque que nadie les avisó?, ¿donde estaba el señor obispo?, me lo imagino corriendo con el resto de la población montaña arriba, huyendo de un hipotético maremoto que azota Palma, él a la cabeza claro, con la sotana levantada, corriendo y gritando como loco "¡protestante el último!", y mientras tanto, las monjitas ...